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Joven, Cristo te llama.

Pbro. Jorge Manuel García Rivera
Formador del Seminario Diocesano

Actualmente se está infiltrando cada vez más en nuestra sociedad una mentalidad dañina que apuesta por una vida light, ligera, libre de cualquier compromiso o de todo aquello que implique esfuerzo. Una vida light que busca lo más con el mínimo de esfuerzo.

Y en este sentido ¿tú sabías que en nuestro tiempo se habla del joven light? Éste es aquel que vive entregado en primer lugar a todo tipo de placeres, que trata de pasarla bien a toda costa, buscando sensaciones cada vez más nuevas y excitantes, lo que apunta a una muerte de ideales; al consumismo como una manera de sentirse libre; a la permisividad que consiste en la búsqueda ávida de placer, que arrasa los mejores propósitos, haciendo del joven cada vez más esclavo; y al materialismo, que piensa que el fin de la vida es ganar dinero y tener prestigio social. Es el joven infeliz, que vive con un gran vacío moral y que actúa con mucha superficialidad y sin ideales claros.

De hecho podemos constatar que cada vez hay más jóvenes con poco interés de superarse; los retos y esfuerzos ya no apuntan hacia la formación de un individuo más humano, preparado y espiritual, sino hacia la búsqueda del placer y bienestar a toda costa; es un joven que cada vez es más vulnerable, ligero, light, por lo que es fácilmente manipulado.

Pero sabemos, y el joven mismo se da cuenta, que este tipo de vida produce personas huecas, vacías. Rebajado, manipulado y tiranizado por estímulos deslumbrantes, al joven ya no le preocupa la justicia, los valores como la libertad, la verdad, el amor… Muchos jóvenes de hoy ya no saben a dónde van, están perdidos, sin rumbo, desorientados y muchos enajenados por la droga y el sexo, situaciones que produce una vida indiferente, sin aspiraciones, edificada de espaldas a cualquier compromiso trascedente. Ése es el joven que nuestra sociedad está produciendo.

Pero afortunadamente también hay muchos jóvenes que aún tienen esa gran aspiración a la libertad y a la plenitud de vida, y que saben que eso no se puede lograr mediante la búsqueda egoísta de beneficios propios, sino sólo con la apertura del amor. La vocación al amor es nuestra vocación fundamental, y solamente así se hace frente al gran vacío que se está viviendo. Esa apertura al amor debe estar referida sobre todo a la persona de Jesucristo. Por eso, el Papa Juan Pablo II decía a los jóvenes: “¡No tengan miedo! ¡No tengan miedo! La vida con Cristo es una aventura estupenda. Sólo él puede dar sentido pleno a la vida, sólo él es el centro de la historia. Vivan de él”.

En este sentido, tú no te dejes desanimar por los que, decepcionados de la vida, se han hecho sordos a los deseos más profundos y más auténticos de su corazón. Tú tienes razón en no resignarte a las diversiones superficiales, a las modas pasajeras y a los proyectos insignificantes. Si mantienes grandes deseos para el Señor, sabrás evitar la mediocridad y el conformismo tan presentes en nuestra sociedad. Amigo, ¡no te contentes con nada que esté por debajo de los ideales más altos!

La apertura a Cristo y el encuentro personal con él ilumina la vida con una nueva luz, te conduce por el buen camino y te compromete a ser su testigo. Por eso lo que queda decir es que ¡el Evangelio sea el gran criterio que guíe tus decisiones y el rumbo de tu vida! De este modo serás un gran misionero con los gestos y las palabras y, dondequiera que trabajes y vivas, serás signo del amor de Dios, testigo creíble de la presencia amorosa de Cristo, porque tú lo has experimentado. No lo olvides.

Pero, en esta apertura a Cristo, quizá pudiera darse algo misterioso en lo más profundo de tu corazón: la presencia de Dios que te llama con una voz suave pero penetrante, invitándote a estar más cerca de él siendo sacerdote. ¡Ven y sígueme! se convierten para ti en algo inquietante que te impulsa a estar cerca de aquél que es la vida y a vivir una de las aventuras más hermosas que se puede experimentar: el llamado de Dios para ser sacerdote de Cristo.

Por ti, por mí, ¡Ven y sígueme! Domingo 29 de marzo, Día del Seminario Diocesano de Guadalajara.
Www.semguad.org.mx

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